Fukushima ha contaminado ya un tercio de los océanos del mundo

El Océano Pacífico – de hecho casi un tercio del globo – se estima ha sido contaminado por una fuga radiactiva del desastre nuclear de Fukushima.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA – International Atomic Energy Agency), que busca promover el uso pacífico de la energía nuclear, estableció en 2011 con los Estados miembros del Acuerdo Regional de Cooperación (RCA) un proyecto conjunto de cooperación técnica del OIEA en la región del Océano Pacífico. Fue establecido después del desastre de Fukushima cuando un tsunami causado por un importante terremoto el 11 de marzo de 2011, deshabilitó el suministro de energía y el enfriamiento de tres reactores de Fukushima Daiichi, causando un accidente nuclear. Como resultado, una gran cantidad de material radioactivo terminó en el Océano Pacífico.

Esto causó gran preocupación a los países basados ​​en el Océano Pacífico debido a las posibles consecuencias económicas y ambientales. Por lo tanto, el objetivo del proyecto era controlar la presencia de sustancias radiactivas en el medio marino.

La primera reunión anual de revisión celebrada en agosto de 2012 demostró modelos hidrodinámicos predictivos y predijeron que las fuertes corrientes, conocida como Corriente de Kuroshio, tenía la capacidad de transportar las sustancias radiactivas a través del Océano Pacífico en dirección este. Sin embargo, la concentración de radiactividad no fue tan alta como se pensaba originalmente.

La expansión masiva del océano la había diluido sustancialmente, de modo que la radioactividad se mantuvo en niveles bajos, pero todavía había preocupación por la contaminación de la vida marina, incluso en estos niveles bajos. Por lo tanto, se estableció un proyecto de monitoreo marítimo para asegurar que los productos pesqueros de la región fueran seguros para el consumo y para mantener una visión general y completa de la situación, considerando sus graves consecuencias.

Un estudio de campo que llevaron a cabo el 2 de julio de 2014, revelado a partir de dos series de muestras de agua de mar, encontró elementos de cesio, una sustancia radiactiva.

Recientemente, trazas de cesio-134 y cesio-137 aparecieron en muestras recogidas cerca de la Isla de Vancouver en Columbia Británica. Las muestras recolectadas fueron separadas del proyecto de monitoreo establecido por el IAEA, pero se cree que la única fuente posible de estos elementos radiactivos es Fukushima, de acuerdo con Integrated Fukushima Ocean Radionuclide Monitoring (InFORM) Network (Red Integrada de Monitoreo de Radionucleidos del Océano Fukushima). Esta es la primera vez que se han detectado trazas de cesio-134 cerca de Norteamérica.

Si bien estas son trazas, el peligro de material radiactivo en cualquier cantidad no puede subestimarse. Sin embargo, los expertos dicen que estos niveles detectados realmente no nos pueden dañar, son aún más bajos a los que podríamos estar expuestos a partir de una radiografía dental por ejemplo.

Dicho esto, cada posible exposición, en cualquier pequeña cantidad, suma. El problema de la energía nuclear y las precipitaciones, la radiación y los materiales radiactivos es que pueden viajar muy lejos con el viento y con el mar. Por lo tanto, debemos apuntar a un nivel global para mantener estos niveles en cero. En cualquier caso, el monitoreo continuo de los océanos tendrá que llevarse a cabo, de acuerdo con Ken Buesseler, un químico marino en Woods Hole Oceanographic Institute.

Lo que dice Buesseler debe ser tomado en cuenta, sobre todo porque la intensión de de la IAEA (International Atomic Energy Agency) es arrojar aún más agua contaminada en el mar. Esto es aparentemente más rentable para ellos que mantenerla en tanques. Cualquier descarga deberá ser controlada y se necesitará un monitoreo continuo, en particular cerca de la planta para mejorar la confiabilidad de los datos. Esto está causando preocupación y no sólo a las autoridades estatales. Consideremos a los pescadores. Cada vez que captan peces en el océano, los peces necesitan ser probados para la radiactividad.

Antes de que se efectúe cualquier otro derramamiento de agua contaminada, la OIEA y Tokyo Electric Power Co., que controlan la planta, deben considerar no sólo el impacto ambiental sino también el impacto socioeconómico. Los medios de subsistencia podrían verse afectados, así como la salud a largo plazo de la región y la comunidad mundial eventualmente.

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